“Síganme, y los haré pescadores de hombres” (Mt 4,19).
Jesús pasa por la vida de Simón, Andrés, Santiago y Juan mientras ellos están ocupados en lo suyo, trabajando y echando las redes. No les pide grandes discursos ni preparativos perfectos: les pide ponerse en camino. El seguimiento cristiano comienza así: con una invitación que transforma la rutina en misión.
Hoy también recibimos ese llamado. Muchos escuchan la Buena Noticia desde la pantalla del celular: en una publicación, una imagen, una frase del Evangelio compartida, una catequesis que aparece en Instagram o un gesto solidario difundido en un video. Las redes digitales pueden ser verdaderos “areópagos” modernos, como decía san Juan Pablo II en la Redemptoris Missio, donde la fe puede llegar y tocar corazones.
Pero el Papa Francisco solía recordar que no alcanzaba con seguir a Jesús solo desde la pantalla, desde un “me gusta” o un “compartir”. La fe es —insistía— encuentro, y el encuentro necesitaba cuerpo, tiempo y corazón.
Francisco insistía continuamente en varios puntos que iluminan el Evangelio de hoy:
1. Una fe en movimiento
“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro” (Evangelii Gaudium, 49).
Seguir a Jesús es ponerse en camino, no quedarse con “el alma sentada” ni vivir una fe de sillón. Como los primeros discípulos, estamos llamados a dejar las redes que nos atan a la comodidad y caminar hacia quienes más necesitan amor y una palabra de esperanza.
2. Encuentro personal con Cristo
Francisco decía que la fe no es conocer datos sobre Jesús, sino escucharlo realmente: “Los invito a cada uno de ustedes a tener un encuentro personal con Jesucristo” (Evangelii Gaudium, 3).
Ese encuentro nace especialmente en el Evangelio, donde Jesús sigue hablándonos hoy. Si no lo escuchamos, corremos el riesgo de hablar de Él sin conocerlo.
3. Salir al encuentro del hermano
Jesús no les dice a los discípulos que esperen en la barca; los manda a “pescar hombres”. También el Papa Francisco insistía: había que ir a buscar, no quedarse esperando a que el otro venga.
Salir al encuentro significaba mirar al que sufre, acercarse al que está solo, compartir tiempo con el enfermo, con el pobre, con el que quedó al margen. La periferia no es solo geográfica: a veces es espiritual, afectiva o familiar.
4. Desprendimiento y libertad interior
Los discípulos “dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron” (Mt 4,20). Francisco alertaba contra la “cultura del bienestar” que volvía cómodos y encerrados en sí mismos (Evangelii Gaudium, 54-55). El seguimiento no es acumular seguridades, sino amar con libertad.
5. Humildad y servicio
Jesús no promete éxito ni fama; promete una misión. Francisco recordaba que el camino de Jesús es “humildad, servicio, rechazo de la mundanidad” (Homilía, 24/03/2013). Seguir a Cristo es hacerse pequeño para que otros crezcan.
6. Testimonio con la vida
No bastaba “compartir” contenidos religiosos. El Papa Francisco decía que cada bautizado era discípulo misionero (Evangelii Gaudium, 120), alguien que anunciaba con la vida, con gestos, con decisiones y con misericordia concreta.
Hoy, ¿qué significa seguir a Jesús?
Significa:
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Salir del celular y pasar a la calle, al encuentro real del hermano.
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Tender la mano, no solo dar un like.
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Escuchar al que está solo, no solo reenviar mensajes.
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Visitar, acompañar, como hizo Jesús.
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Ir a las periferias, como invitaba Francisco, siguiendo la palabra de Jesús.
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Ser comunidad, no espectadores.
Las redes sociales pueden ayudar —y es bueno usarlas para evangelizar— pero el Evangelio se hace carne cuando nos miramos a los ojos, cuando caminamos juntos, cuando nos dejamos tocar por el dolor y la esperanza del otro.
Jesús sigue pasando hoy por nuestra vida. Que esta Palabra nos mueva a levantarnos, dejar nuestras redes y poner la fe en movimiento. Porque el Reino se anuncia con palabras, pero se confirma con la vida.
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